"Durante mi captura me hice amigo de un joven coronel americano, Jack Hamilton. Gracias a el fui admitido en el nuevo ejercito de liberacion italiano, tras la caida de Napoles, manteniendo mi rango de capitan y mis armas.
Mientras caminaba al lado del coronel Hamilton, me sentia enormemente ridículo con mi uniforme inglés. Los uniformes del Cuerpo Italiano de Liberacion eran viejos uniformes ingleses teñidos de verde, q pertenecieron a saldados ingleses caidos en Tobruck o El Alamein. En mi guerrera se veian tres agujeros de ametralladora.
No habia nada q decir, para nosotros habia acabado aquella estupida guerra. nuestro amor propio de soldado vencido estaba a salvo ; ahora combatiamos al lado de los aliados para ganar su guerra después de perder la nuestra, y era, por consiguiente, natural q fuesemos vestidos con los uniformes de los soldados aliados matados por nosotros.
Cuando llegamos, la compañia cuyo mando debia asumir ya estaba reunida en el patio del cuatel.
El coronel Palase habia querido presentarme el mismo a mis soldados, con uno de esas simples ceremonias q tan arraigadas están en el corazon de los viejos militares. Me estrecho la mano en silencio y sonrio suspirando tristemente. Los soldados (casi todos muy jovones, q se habian batido bien contra los aliados y por ese motivo los eligieron para formar el primer nucleo del nuevo ejercito, estaban alineados en frente de nosotros. Tambien ellos iban vestidos con los uniformes de lso soldadoes ingleses caidos en Africa. Tenian el rostro palido y demacrado, los ojos blancos y vagos, como hechos de una sustancia blanca y opaca. Me parecio q se fijaban en mi sin parpadear.
El coronel hizo un gesto con la cabeza; y el sargento grito: ¡Compañia firmes! La mirada de los soldados paso sobre mi con una intensidad dolorosa, como la mirada de un gato montes. Sus mienbros se pusieron rigidos, las manos eran blancas, la piel , floja, pendia de los dedos como la piel de un guante demasiado grande.
El coronel Palese tomo la palabra: - Os presento a vuestro capitan...
Y mientras hablaba yo miraba a los soldados con uniformes arrancados de los cadaveres, aquellas manos , aquellos labios palidos y aquellos ojos vagos. De repente me di cuenta con horror de q aquellos soldados estaban muertos. Despedian un tenue hedor de carne seca al sol y cuero podrido. Miré al coronel Pelase, tambien el estaba muerto. La voz de sus labios era humeda y fria: pareceia ese leve rumor q brota de la boca de un muerto si se le apoya la mano sobre el vientre.
-Mande descanso- dijo al sargento.
Los soldados se apoyaron en la pierna izquierda y me miraron ahora con una mirada mas dulce y humana.
- Y ahora vuestro nuevo capitan dira unas palabras.
Yo abri la boca y de mis labios salieron unos sonidos horrendos, eran palabras sordas, hinchadas y flojas. Dije:
- Somos voluntarios de la Libertad, los soldados de la nueva Italia. Debemos luchar contra lso alemanes, echarlso de nuestras casas. Todo el pueblo italiano confia en nosotros, debemos levantar nuestra bandera caida en el fango, ser ejemplo de todos en medio de tanta verguenza, mostrarnos dignos de la hora q ha sonado, de la tarea q nuestra Patria nos confia.
Cuando hube termiando de hablar, el coronel pidio a uno de los soldados q repitiera lo q yo dije para comprobar si lo habian entendido.
El soldado elegido me miro, tenia los labios delgados y sin vida de los muertos. Con un horrendo tono de voz dijo:
- Debemos mostrarnos dignos de la vergüenza de Italia.
El coronel se acerco a mi y me susurro: -Han comprendido.
Y se alejo en silencio. Bajo su sobaco una mancha de sangre se extendia por el uniforme. Yo miraba aquella mancha, como se extendia, miraba al coronel vestido con uniforme de un soldado ingles muerto, y el nombe de Italia me apestaba en la boca a carne podrida."
Fuente: MALAPARTE "La piel"
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1 comentario:
Si ya decía yo que en los italianos había algo que no me olía bien...
Un mundo de locos!!!!
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